Ratifican que la separación de hecho excluye carácter ganancial al bien adquirido posteriormente

El TSJ confirmó que el artículo 1.306 del Código Civil no se aplica cuando se trata de un divorcio en el que no media atribución de culpas a uno de los cónyuges

El Tribunal Superior de Justicia (TSJ) ratificó que, cuando un divorcio se decreta por la causal objetiva (separación de hecho sin voluntad de unirse por un período continuo mayor a tres años), “los bienes adquiridos a partir de la separación deben ser calificados como propios de quien los adquiere, como consecuencia del cese de la presunción de ganancialidad inherente al matrimonio”. La Sala Civil y Comercial del Alto Cuerpo, que preside el Dr. Armando S. Andruet (h) y que también integran los vocales Dres. Domingo Juan Sesín y Carlos Francisco García Allocco, desarrolló esta doctrina al rechazar el recurso de casación que había promovido una de las partes de un juicio de divorcio vincular contra una resolución de la Cámara de Familia de 2ª Nominación. Esta última, a partir de un criterio considerado “intrínsecamente acertado” por el TSJ, había concluido que, en el caso de un divorcio por la causal objetiva, al no resultar posible indagar la presencia de culpabilidad o de inocencia de uno de los cónyuges, no corresponde reconocer a ninguno el beneficio que concede el último párrafo del artículo 1.306 del Código Civil, en cuanto faculta a participar de los bienes adquiridos por el otro cónyuge desde la separación. Los vocales del TSJ esgrimieron que una interpretación puramente literal del artículo 1.306 “no resulta ser una herramienta suficiente” toda vez que la consagración del divorcio por la causal objetiva –también denominado “divorcio remedio”- “no fue acompañada de normas que contemplen las mismas causales objetivas en materia patrimonial”, lo que obliga a realizar “una interpretación superadora que integre y complete adecuadamente las falencias del sistema”. Los magistrados recordaron que “resulta innegable que el fundamento sobre el que reposa la ganancialidad radica en el esfuerzo común de los esposos que conviven bajo un mismo techo, quienes mediante aportes de diversa índole contribuyen a la formación del patrimonio conyugal”. Por ende, la conclusión “razonable es que el cese de la cohabitación provoca también la culminación del carácter ganancial de los bienes que en lo sucesivo sean adquiridos, por haber desaparecido objetivamente las causas que justificaban su subsistencia”. En el mismo sentido, agregaron que, si como en el caso en cuestión, no media atribución de culpas “debe disponerse que ninguno (de los cónyuges) participe de los gananciales que engrosaron el patrimonio del otro durante la separación de hecho”. A modo de corolario, los vocales del TSJ enfatizaron que “no existe una norma en el Código Civil que prohíba la interpretación que se propone, la cual, lejos de contradecir el tercer párrafo del artículo 1.306 del Código Civil, lo completa”. No obstante, precisaron que, para evitar “el ejercicio abusivo de derechos” que podría suscitarse, “el cese de la ganancialidad que se reconoce a partir del hecho mismo de la separación por mutuo acuerdo lo es con la salvedad de que se alegue y pruebe que los fondos con los que se adquirieron reconocen un origen ganancial, en consonancia con lo establecido por el artículo 1.273 y concordantes del Código Civil”.